SIN TÍTULO

Éramos un mar de alimento para el metálico monstruo. Uno a uno, entrábamos, encadenados, mientras nos latigueaban las espaldas, maléficos cuidadores con sus uniformes de servidumbre. Dentro de las bocas del ente, nos apretábamos, esperando el martirio. El ser con un rugido juntaba los colmillos de sus múltiples fauces, mientras nos encerraba en su interior, y nosotros tratábamos de aprovechar cómodos nuestros últimos momentos, pero no sé por qué pensábamos en la comodidad.
Lo peor de todo, que lamentablemente notamos después, fue que la bestia (que a nuestros ojos era tan terrible), iba a llevarnos a un lugar peor...
Creative Commons License
This work is dedicated to the Public Domain.